Hoy he aprendido que
cuando bebo la sangre se me va a los labios;
cuando vuelvo sola a casa de noche, le canto a niños no natos para no tener miedo;
hay historias que enganchan;
hay gente que le gusta revolcarse en su barro,
y yo ya no soy una de ellas.
Sigo siendo una cobarde.
Y he aprendido a echar de menos sin matarme en el intento.
N.
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